viernes, 25 de mayo de 2012

CAPÍTULO 19.



Juicio del Mar Rojo

19 1Pero a los impíos los acosó hasta el fin una ira despiadada,
porque Dios ya sabía lo que iban a hacer:
2que los dejarían marchar y los urgirían para que se fueran,
pero luego, cambiando de parecer, los perseguirían.
3En efecto, antes de terminar los funerales,
llorando junto a las tumbas de los muertos,
tramaron otro plan insensato,
y a los que habían expulsado con súplicas,
los perseguían como fugitivos.
4Hasta este extremo los arrastró su merecido sino
y los hizo olvidarse del pasado,
para que remataran con sus torturas el castigo pendiente,
5y, mientras tu pueblo realizaba un viaje sorprendente,
toparan ellos con una muerte insólita.
6Porque la creación entera, cumpliendo tus órdenes,
cambió radicalmente de naturaleza
para guardar incólumes a tus hijos.
7Se vio la nube dando sombra al campamento,
la tierra firme emergiendo donde había antes agua,
el Mar Rojo convertido en camino practicable
y el violento oleaje hecho una vega verde;
8por allí pasaron, en formación compacta,
los que iban protegidos por tu mano,
presenciando prodigios asombrosos.
9Retozaban como potros y triscaban como corderos,
alabándote a ti, Señor, su libertador.
10Aún tenían en la memoria todo lo del destierro:
cómo la tierra, y no los animales, produjo mosquitos;
cómo, en vez de especies acuáticas, vomitó el río cantidad de ranas.
11Más tarde vieron también un nuevo modo de nacer los pájaros,
cuando, acuciados por el apetito, pidieron manjares de capricho;
12pues, para satisfacerles, salieron codornices del mar.

Esclavizaron a unos emigrantes

l3y a los pecadores les sobrevinieron los castigos
no sin el previo aviso de retumbantes truenos;
justamente sufrían por sus propios delitos,
por haber odiado cruelmente a los extranjeros.
14Sí, hubo quien negó hospitalidad a unos visitantes desconocidos;
pero éstos esclavizaron a unos emigrantes
que les hacían buenos oficios.
15Más aún: qué castigo no les tocará a aquéllos
por haber recibido hostilmente a los extranjeros;
16pero éstos, después de agasajarlos a su llegada,
cuando tenían ya los mismos derechos,
los maltrataron con trabajos inhumanos.
17Y también los hirió la ceguera,
como a los que, a la puerta del justo,
envueltos en una densa oscuridad,
tanteaban la entrada de su puerta.

Metamorfosis de la creación

18Los elementos de la naturaleza se intercambiaban sus propiedades,
lo mismo que en un arpa las cuerdas cambian
el carácter de la música, siguiendo igual el tono,
como puede colegirse exactamente a la vista de lo que pasó;
19pues los seres terrestres se volvían acuáticos,
y los que nadan, se paseaban por la tierra;
20el fuego acrecentaba su propia virtud en el agua,
y el agua olvidaba su condición de extintor;
21las llamas, por el contrario, no abrasaban
las carnes de los endebles animales que por allí merodeaban
ni derretían aquella especie de manjar divino, cristalino y soluble.
22Porque en todo, Señor, enalteciste y glorificaste a tu pueblo,
y nunca y en ningún lugar dejaste de mirar por él y socorrerlo.

19,1-4 Breve análisis de la contumacia. Del punto de vista humano tiene el carácter de
un olvido culpable: del pecado anterior y del castigo consiguiente. Como ese castigo era
menor de lo merecido, al faltar la conversión, queda algo pendiente, y al repetirse el proceso, el reo precipita dialécticamente el castigo final. Del punto de vista divino se puede hablar de una previsión del desenlace con sus pasos: la ira de Dios resulta despiadada, porque el hombre se resiste a la piedad.

19,5 "Sorprendente": como en 5,2. Lo "insólito" de esa muerte es precisamente significativo.

19,6-12 La metamorfosis de la creación domina este capítulo y el final del libro. ¿Por qué? Hemos visto cómo los juicios históricos eran anticipo y garantía del juicio final expuesto en la primera parte del libro. Pero en los capítulos 1-5 interesaba sobre todo el juicio de salvación del justo, más allá de su muerte. ¿Se anticipa y se garantiza también este desenlace en los juicios históricos? ¿Se justifica el salto cualitativo a una salvación escatológica?
Responde este capítulo, porque ilumina toda esta parte: a lo largo de las salvaciones históricas el autor ha ido sembrando una serie de afirmaciones o alusiones que desbordan el alcance restringido a esta vida: el perdón del "Señor amigo de la vida" (11,23-26), "tu soplo incorruptible" (22,1); el perdón ofrecido a todos (12,16.19), la victoria sobre las serpientes (16,7.10), unida a la victoria sobre el profundo olvido (16,11); el poder de Dios sobre vida y muerte (16,13), la palabra de Dios que sustenta (16,26), la llamada de Dios (18,8 comparado con 4,10); la eficacia de la expiación litúrgica (18,21-25).

El último capítulo dilata su horizonte en una lectura escatológica del éxodo, a imagen de la primera creación, con datos cosmológicos. Ya Isaías II había insistido en el carácter de creación que tendrá el segundo éxodo, por el cual su canto era potencialmente escatológico. En efecto, si ponemos bajo este capítulo la falsilla de la creación según Gn 1 (con algunos paralelos dispersos), aparece la coherencia y el sentido unitario de este final. Antes de hacerlo, una pregunta: ¿por qué datos cosmológicos? El enunciado de 16,24 nos da la clave: "La creación, sirviéndote a ti su hacedor, se tensa para castigar a los malvados y se distiende para beneficiar a los que confían en ti". La primera parte se cumple al final del cap. 5, la segunda parte se 
cumple en el cap. 19. El hombre, por su condición terrena, está ligado a las leyes cósmicas (9,14-16), y sólo con la sabiduría logra superarlas; pero la sabiduría creadora (caps. 7-8) puede trasmutar esas leyes y así llevar al hombre a la inmortalidad (6,19-20).

Presento en esquema las correspondencias de Gn y Sab:
1. Caos-ti niebla-aliento de Dios (Gn 1,2) / la nube (Sab 19,7a).
2. Tierra saliendo del agua (1,9-10) / Mar Rojo (19,7b)
3. Hierba de la tierra (1,11) / "vega verde" (19,7d)
4. Animales de cielo agua y tierra (1,20 / (19,10-12).
5. Luz y tinieblas (1,3-5.15-18) / ceguera (19,17 dudoso).
-Los elementos (tema griego): tierra, agua, fuego (19,19-21).
6. Alimento de la tierra (1,29) / alimento del cielo (19,21 c).
El esquema nos hace ver la síntesis de lo bíblico con lo griego (que está en todo el libro).

19,6 "A tus órdenes": 16,24.25 y 5,17; lo mismo los gobernantes (6,4). "Tus hijos": véase el comentario a 18,13 con las referencias a los caps. 2 y 5.

19,7a Compárese con Eclo 24,3.

19,7d Novedad: la hierba brota en el puesto del agua.

19,9 La comparación con los caballos puede aludir irónicamente a la caballería del Faraón ahogada en el mar.

19,10-11 "Produjo" es el verbo griego de Gn 1,20.24.

19,13 "Los castigos": véanse 12,20 y 18,8. Entra un nuevo tema, el pecado contra la hospitalidad. El delito conserva actualidad en tiempo del autor. Porque los judíos de la diáspora viven en condición de minoría dentro de otras naciones. El delito contra la hospitalidad tiene un antecedente fatídico en Sodoma y Gomorra, el castigo fue el fuego destructor (Gn 19). Pero el autor selecciona el contraste luz / ceguera, de valor permanente.
El hombre así cegado busca refugio en la mezquindad de su propia casa, cada uno en la suya, y no da con la puerta; porque ha cerrado la puerta al extranjero o ha intentado forzarle la suya
19,18 Entramos en tradición griega: los elementos, el instrumento musical y su correspondencia (tradición pitagórica, presente en Platón y en los seguidores). No es seguro que el autor emplee los términos con rigor técnico, como experto en música.
La música, por analogía, hace comprender un misterio de la acción divina: como instrumentista y compositor, Dios sabe establecer leyes y cambiarlas sin destruir la armonía. En vez de música de las esferas, armonía del cosmos y armonía de la historia como variaciones de un tema de salvación. Bien mirado, bien escuchado, el éxodo se nos convierte en un poema sinfónico que hace presentir una nueva creación, para una salvación definitiva.

19,19 Ex 8,2s; 14,16.22.

19,20 Sab 16,15-29.

19,21 El "manjar divino" es la "ambrosía", el alimento de los dioses en la tradición griega. Para el autor es el maná. En clave escatológica, manjar de vida inmortal. El que no alcanzaron los progenitores en el paraíso. Es el último acorde del libro: ¿podemos decir que este acorde da la tónica al libro?

19,22 La segunda persona convierte el colofón en himno. Is 45,17.25; Mt 28,20. 

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